
Título original: "Quo Vadis"
Año: 1951
País: Estados Unidos
Duración: 171 minutos (2 horas 51 minutos)
Género: histórica
Director: Mervyn Leroy
Producción: Sam Zimbalist
Guión: S. N. Behrman, Sonya Levien y John Lee Mahin
Música: Miklós Rózsa
Fotografía: William V. Skall
Reparto:
Robert Taylor
Deborah Kerr
Leo Genn
Peter Ustinov
Patricia Laffan
Finlay Currie
Robert Surtees
Sinopsis:
Hasta que los cristianos no fueron reconocidos oficialmente por el emperador Constantino I el Grande con el Edicto de Milán en el año 313, sus cultos y creencias tenían que ser practicadas secretamente ante el temor de ser perseguidos y condenados a muerte.
Uno de sus más famosos persecutores fue el cruel Nerón, un personaje y un momento de la historia que aparece recogido en el libro de Henryk Sienkiewicz, llevado a la pantalla grande con su habitual despliegue de medios por la Metro Goldwyn Mayer. Película llena de color, dirigida por el eficaz artesano Mervyn Leroy, simultanea momentos magníficos (casi todas las escenas en las que aparece Peter Ustinov, la entrada de un victorioso Robert Taylor en Roma después de tres años de exitosas batallas, lo bien narradas que están las secuencias en el circo romano, en especial la de la lucha entre el toro y Ursus, algunos planos de reminiscencias pictóricas) con otros menos afortunados, que han quedado un tanto acartonados y presos de sus pautas religiosas y sentimentales.
El poder y sus caprichos, la esclavitud, la libertad y buenas dosis de romanticismo sirven para mostrar los primeros y firmes pasos del cristianismo, que en los tiempos del pirómano Nerón (año 64) estaban percibidos como una secta peligrosa, sirviendo sus fieles componentes como banquete para hambrientos y feroces leones ante las miradas extasiadas de la agitada muchedumbre romana. Lo mejor de todo el film, además de la dirección artística y la música de Miklos Rozsa, son las actuaciones de Leo Genn como el escritor Petronio, consejero y crítico del emperador, y sobre todo, el trabajo del extraordinario Peter Ustinov, interpretando, mejor dicho, parodiando (hasta le hace parecer simpático) la figura del orondo e inclemente Nerón.



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